Doctor, doctor, please

-Dime, niña. ¿Cómo es el dolor que sientes?

El médico me mira con gesto interrogante; yo miro a mi madre con cara de súplica; mi madre mira al doctor con incertidumbre.

Nunca es fácil explicar un dolor. Más aún, cuando no es compartido. Agacho la cabeza y abro la boca, pero las palabras no se atreven a salir.

-¿Te duele aquí? –me dice, señalándome el pecho.

Asiento.

-Entonces te duele el pecho.

-No; me duele el corazón.

-Entiendo. ¿Y te duele aquí? –me dice, señalándome la cabeza.

Asiento.

-Entonces, también te duele la cabeza.

-No; me duelen los recuerdos.

-Vaya –dice el médico incorporándose.

Mi madre, con la boca entreabierta y las manos encogidas a la altura del cuello, mira al doctor, suplicando una respuesta con la mirada.

-Señora, no hay nada que hacer; su hija está enamorada.

Anuncios
Publicado en Relatos | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

¡Eh!

Es ese ‘eh’,
Ese que sé que me ve.
Ese ‘eh’ de tartamudos
Que brota en mitad de una frase.

¡Ah!… Una noche entera,
Y parte del día siguiente,
Estuve pensando en esa frase.
Puede que no fuera mi mejor frase,
Y que algún día
Llegue a mi cabeza
Una mucho mejor.
Puede que al final
La dijese a destiempo
En una conversación;
O a desfrase
En algún poema.

Pero mi error ya no es mío
Ni las ganas de enmendarlo.
Encontré el momento perfecto,
Empecé a pronunciar despacito,
Y ahí, en mitad de la frase perfecta,
Apareces tú a jodérmela.

Ese eeeh… que apenas dura
Un segundo
Y a mí me parece
Que se me olvida hablar.
Y después me repongo,
Pero a nadie le interesa ya
El final de la frase.

¡La frase perfecta!
Y tú me la has jodido.

Publicado en Poemas | Etiquetado , , | 2 comentarios

Sobre la física y la perspectiva vital

Si es la física una interpretación más de la realidad (quizás, aunque una más, sea la más fiel), y siendo el observador un elemento fundamental en esta disciplina científica, ¿cómo habríamos de prescindir de él y de su punto de vista?

Siendo, como es, una ciencia positivista, exacta, ¿qué función tiene, pues, un observador? ¿Para qué someter algo perfecto al sesgo de la perspectiva? Y sin embargo, es la física una interpretación de la vida. ¿Acaso conoces a alguien que vea lo que no quiere ver? ¿O que mire desde donde no quiere mirar? Viene la física con sus leyes a decirme qué es lo que puedo y no puedo hacer. Y yo, de imaginación anarquista que desprecia las leyes (aunque sean lógicas), me dejo llevar por donde ella quiera llevarme. Mis juguetes dan buena cuenta de ello. He visto a Syd Barret volar por el cielo verde, a Fry llegar a la luna en menos de tres segundos, al Principito aprovechar una evasión de pájaros silvestres para viajar y a Eugene Cernan (el último ser humano en pisar la luna) dejar escritas las iniciales del nombre de su hija sobre la superficie lunar antes de volver a la Tierra. Y de verdad que eso no se puede explicar con una fórmula matemática. ¿Cómo viviría yo sin la anteojera que elimine del rabillo del ojo todo aquello que no me deja vivir? ¿Cómo si mi punto de vista no se centrara solo en lo que quiero ver?

Y dijo David Hilbert: “la física es demasiado importante para ser dejada a los físicos”.

Publicado en Ensayos | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Breve retrato de una ciudad

Las luces de la ciudad se organizan en hileras perfectas, como si las matemáticas fuesen de colores: las más son amarillas y blancas; de azul tenue brillan algunas; las menos, rojas y verdes. Los pequeños puntos en conjunto gimen como una pequeña isla a la deriva en mitad del océano de la noche.

Las luces de la ciudad se organizan en constelaciones cósmicas, cada grupo con una historia humana detrás, vacía y anodina, en la inmensidad del tiempo. Como un velero sin rumbo, flotando en mitad de la noche. Y en realidad, desde aquí, desde lejos, no es triste ni frustrante.  Solo es hermoso. Un hermoso paisaje que yace entre el tiempo y la distancia, esperando a ser descifrado.

Publicado en Relatos | Etiquetado , , | 1 Comentario

What if…

Primero era una foto en blanco y negro. Ya sabes, por eso que dicen que no podemos recordar nada en color. Y eso, definitivamente, me hizo resolver el enigma: ¡y es que eres real! Tanto como mis manos, o más bien como las manos (las mías) de hace unos días. Claro que no eres soñada, y menos aún, inventada. Fuiste real, supongo, y por eso tengo recuerdos de ti. Menuda ironía. ¡Y yo pensando que acababa de volverme loco! Y que por eso le dedicaba palabras a alguien que no existe. Pero ahora sé que eso no es cierto. ¡Y eso que dicen por ahí que una conciencia plena sobre la propia locura suele ser una prueba inequívoca de lucidez! Así que busco un cuadro clínico sobre el que encajar mis síntomas, y vuelvo a esa fase en el método científico en que reelaboro mi hipótesis. Y ahora, ¡al fin!, sé que eres real. Ahora ya no tengo miedo a pensarte, no tengo que callar tu voz cada vez que me llames cuando cierro los ojos. Ahora podemos conocernos porque ¡vives! Tanto como cualquiera que haya pasado por mi memoria. Ahora nos daremos la mano y saltaremos al vacío, juntos, y pasaremos la vida en mutua compañía, conscientes de nuestra existencia y de nuestra cordura, en ese lugar en que la realidad tiene forma de palabras y la lucidez el color de tus ojos. Ese lugar en que negarte sería locura.

Publicado en Ensayos | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Cuando se acerca el final

Me llevé los dedos índice y pulgar al puente de la nariz mientras cerraba los ojos con fuerza. Después solté lentamente el aire de mis pulmones y miré a mi alrededor. Otras cuatro personas, inocentes y extrañamente sosegadas como yo, me acompañaban en este taciturno recorrido al compás de un pesado silencio mientras en mi cabeza (o quizás en la de todos) sonaban las tristes y lentas notas que componen Amazing Grace interpretadas por una gaita en el indeseable eco de un cementerio. No había vuelta atrás. Estábamos todos encerrados, sin escapatoria, y nos dirigíamos a ese lugar en donde dejas de ser una persona, y todos tus sueños, tus emociones, ¡tu vida!, todo desaparece. Un lugar en donde dejas de existir. Bajo mis pies notaba las vibraciones que producía el rozamiento de la maquinaria, y me recordaba a cada momento que estábamos en marcha, que ya no podía bajarme. Vi como los ojos de los demás, entreabiertos y rojizos algunos, encharcados todos, me miraban suplicando no sé qué de mí, mientras yo rogaba por lo mismo. El corazón del tipo que estaba a mi derecha galopaba con más y más fuerza a cada segundo, pues él, como todos, sabía que ya estábamos cerca del final. Una gota de sudor frío me rajó la espalda de arriba a abajo. La llegada era inminente, y ninguno podía hacer nada más que mantenerse en pie y tratar de aguantar con toda la dignidad que fuera posible hasta el último instante. Sólo unos segundo más. Pronto todo se acabaría. Se acabaron las tardes en casa de Maribel tomando café, y los paseos por el centro cuando atardecía. Se acabó disfrutar de su sonrisa cuando el mundo me pedía que me dejara caer. Cerré los ojos para ver una vez más aquella mirada, y dejé que me iluminara por dentro…

Entonces llegó el momento. Las puertas del ascensor se abrieron. Dos tipos con traje y corbata nos recibieron:

-Señor, estos son los nuevos becarios.

Publicado en Relatos | Etiquetado , , | Deja un comentario

Este verano viene

Este verano viene
Mecido desde el otoño,
Con las nubes de primavera
¡ay! Y callado como el invierno.

Ahí están las brasas,
Ahí las mariposas
Azules y blancas,
Rojas algunas,
Rotas todas,
Pues sus alas son amapolas
Y el viento las destroza.

Ahí está el sol,
Pero ahí la sombra.
Ahí está el árbol, y ahí
El sexo de las moscas.
Ahí las flores
Subidas a los tejados,
Y con la brisa
Echan a volar
Dejando tras de sí
Las raíces cuadradas
Que la lógica
Ata a la realidad.

Y ahí la noche,
Y ahí la luna,
Y ahí la entrepierna
Que cura, locura,
Como curan los besos,
Como lo hace la hierba
O lo hacen los versos.

Ahí el mar
Y ahí está tu dedo
Dibujando la geografía
Nueva de cada gesto.
Ahí está la llamada
Perdida de un perdedor.
Ahí están las olas
Y aquí está el adiós.

Pobrecita primavera,
Que se marcha como urgente.
Pobrecita, ¡adiós!
Y hasta el año que viene.

Publicado en Poemas | Etiquetado , , , , | 1 Comentario

Una primavera para el pasado

Apareciste como aparece la primavera. Ya sabes, súbita, ligera de ropa. Como traída por mariposas o por altas nubes blancas. Diría que levitando, movida por la brisa, si no fuera porque me fijé en tus piernas desnudas.

Nos sentamos en una terraza a beber cerveza. Tú me hablaste de Dublín y yo te hablé de Ámsterdam. Luego, ambos, hablamos de poetas y pintores, y luego yo de política y educación. A cada uno el corazón le tira hacia su sitio. Aún no terminaste la carrera, y me dijiste que no era, en absoluto, tu vocación. Me hablaste de tu sueño platónico, luego del prohibido. Luego te derrumbaste y lo mandaste todo a la mierda.

Luego te rehiciste. Recordamos el pasado, cuando hablábamos del futuro (ese en el que ahora vivimos), y todo era posible, y todo sería como íbamos a querer que fuera. Entonces los dos guardamos un pactado minuto de silencio, con la mirada perdida en todas esas burbujas que surgen de no se sabe dónde en el interior de la cerveza, y ascienden hasta que desaparecen para siempre. Así como nuestros sueños lo hicieron a lo largo del tiempo.

Entonces pasó el minuto. “Nada de esto es lo que nos habíamos prometido, ¿verdad?”. Me hablaste con la voz de hace unos años. Esa con la que me decías “vuela”, y yo, con tu palabra en mi mano, volaba.

Publicado en Relatos | Etiquetado , , | 1 Comentario

El escritor

Un escritor de afamado nombre y reputado respeto entra en una librería y se dirige directamente a la sección de las novedades literarias. Allí, un DIN A3 de cartón piedra con su foto a todo color junto a un ejemplar de su última novela corta reina sobre un enorme pilar de libros. Pero lo más interesante para él está justo al lado. Una mujer joven e hiriéntemente hermosa sostiene sobre sus manos un ejemplar que ojea de forma veloz y febril.

-¿Te gusta lo que lees?

Ella se gira sobresaltada, y no tarda en reconocer al escritor.

-Es interesante lo que dice.

-Bueno- sonríe de forma ensayada-. La crítica cree que es mi mejor novela.

-No- ella suelta una enorme carcajada-. No me ha entendido. Su forma de escribir me parece suntuosa. Yo me refería al contenido.

-Explíquese.

-Bueno. El protagonista comparte una aventura sexual con Marina que, a mi parecer, a ella le parece hermosa y trascendental. Sin embargo, para él no parece más que sexo acumulativo, “un polvo más”, si me lo permite.

-¿Cómo? ¿Acaso no cree que para él también pueda ser hermoso y trascendental?

-¡No! No podría creer tal cosa. Creo que Marina así lo creyó en su momento, pero el echo de ver toda esta historia aquí descrita, narrando incluso los más morbosos secretos, y el detalle mismo de no haber cambiado siquiera el nombre de la chica…

-Alto. Un momento, ¿qué le hace pensar que Marina existe realmente, y que todo cuanto se cuenta sucedió en realidad alguna vez?

-Pues…- ella se acerca peligrosamente a él-. Yo soy Marina, pedazo de cabrón insensible.

Al escritor se le hiela la sangre, y la poca que queda fluyendo en el interior de sus venas se le acumula en la cabeza.

-Vaya, no te recordaba tan… tan…

-Por favor, termina- la chica se lleva la mano al bolsillo de su cazadora-. Será lo último que salga de tu asquerosa boca.

Marina saca una navaja de seis centímetros y no duda en agujerearle el corazón al escritor como una vez lo hizo con una mirada ardiente y unas palabras de crédulo amorío juvenil una noche de verano.

Publicado en Relatos | Etiquetado , , | Deja un comentario

El golpe

Lo habíamos calculado todo. Ningún detalle por revisar, ningún fleco por recortar. Todo preparado y listo para el gran golpe. Habíamos tenido en cuenta cientos de variantes y situaciones posibles, y para todas sabíamos exactamente qué debíamos hacer. Incluso tuvimos en cuenta el clima, y aunque el Servicio Estatal de Meteorología auguraba un día soleado y sin nubes, ensayamos el golpe bajo una lluvia torrencial. Por si acaso. Porque uno nunca sabe lo que puede pasar. De hecho, diseñamos incluso cinco rutas de escape alternativas, por si la principal fallaba.

En las películas de robos, el ladrón tiene que ser un erudito que conoce a la perfección el lugar del robo, así como el lugar en donde están situadas las cámaras, cuantos agentes de seguridad privada hay y sus turnos, los botones de alarma silenciosa, la combinación de la caja fuerte… Pero además debe tener conocimientos de informática, ser un conductor profesional, saber disparar, estar en forma… Pero esto no es una película. Nosotros somos cuatro. Y cada uno es bueno en lo suyo. Siendo realistas, cada uno de nosotros de forma individual jamás hubiera sido capaz de llevar a cabo el golpe. Es una putada tener que repartir el pastel, pero es mejor eso que nada.

Al fin llegó el día. Sincronizamos nuestros relojes digitales de muñeca, así como sincronizamos nuestras acciones. Aunque había llegado el momento de separarnos, todos actuaríamos como uno solo. Yo estaba con otro compañero sentados en un banco de la acera de enfrente. Nuestra tarea era actuar como cuatro ojos vigilantes que informaban a los del interior de todo lo que sucedía fuera. Había llegado el momento. Los otros dos entraron. Mi corazón se desbordaba. La sangre se agolpaba con violencia en mi cabeza. Un coche de policía nacional pasó delante nuestra sin sospechar si quiera lo que estábamos haciendo. Los minutos pasaban como horas. No habíamos planeado tardar tanto tiempo, pero aún no había saltado ninguna alarma, y nosotros, los de fuera, no debíamos perder la compostura.

Una hora más tarde, los dos primeros salieron del banco al fin, con el rostro serio y el paso firme. Nos pusimos de pie de un salto y echamos a andar detrás suya. Cuando nos situamos a escaso medio metro de ellos, pregunté:

– ¿Qué ha pasado? ¿Ha habido suerte?

– Así es. Nos han concedido un aplazamiento. No perderemos la casa.

Publicado en Relatos | Etiquetado , , | Deja un comentario